lunes, 20 de julio de 2020

EL PINTOR ÁNGEL BONALDE


Hace meses que no veo al pintor y músico Ángel Bonalde. La última vez que lo ví venía de la Gran Sabana.  Me visitó y me trajo de regalo  unas piedritas ovaladas y pinceladas con el edénico paisaje de aquella región limítrofe  con Brasil.
Bonalde que por lo artístico debe tener un lejano parentesco con Antonio Pérez Bonalde,  autor de “Vuelta a la patria”, exiliado por el régimen fuerte de Guzmán Blanco, desprecia el óleo de la pintura industrial.  Él, como alguna vez lo intentó Armando Reverón, produce su propia pintura, menos química y más ecológica.  No le cuesta ir o caminar por los contornos  del Orinoco o de cualquier río buscando los colores arcillosos  que luego mezcla con otros ingredientes naturales.  De manera que los lienzos y cartulinas de Bonalde poseen doble valor, el de la creación artística y el de haber sido logrado con los colores espontáneos de la Naturaleza.  Los colores son como la música, claro, unos alegran la vista y otros los oídos, pero ambos constituyen herramientas biológicas de la psiquis y las emociones.
Es raro el artista plástico que no tenga vocación musical.  Soto, por ejemplo, ejecutaba la guitarra y hasta cantaba: Ravelo busca sonidos en el cuatro,  Kandiski hacía vibrar el violín  y Paúl Klee el Saxo, Omar Granado y  José Rosario Pérez no ejecutaban instrumento musical alguno, pero pintaban oyendo música clásica a todo volumen-  Ángel Boanlde competía con José Claret  Colina ejecutando el Órgano Yamaha que en un tiempo fue muy popular,  muy parecido al piano por el teclado, pero no orquestal como lo ha sido siempre el piano.
Pero Ángel Bonalde prefirió dejar a un lado su Yamaha japonés pata afianzarse con mayor perseverancia en la pintura y así se recrea y gana la vida en escenarios e instituciones  este artista plástico que una vez buscó las tierra bucólica  de Marhuanta para compenetrarse mejor con la Naturaleza, pero no le fue muy bien, porque en un descuido lo desmantelaron, No se por donde anda ahora el artista de los rítmicos colores pues hace unos cuantos meses que  mi retina no lo retratan. (AF)


domingo, 19 de julio de 2020

EL TONY BAR


El Tony es uno de los edificios primeros levantados a raíz de la inauguración de la Avenida Táchira.  Es un edificio de Apartamentos y abajo un Bar Restaurante de dos plantas muy frecuentado por los notables de la ciudad, especialmente por altos dirigentes políticos que al ritmo de los cubiertos conversan sobre los más variados temas de la política regional a la luz de la nacional.
Ha pasado por varias manos y durante los últimos años estuvo bajo el dominio emprendedor de una pareja de nacionalidad portuguesa que le imprimió un ritmo familiar muy grato y acogedor.  Teresa Cardoso y Manuel  Mendoza era una pareja muy compenetrada que se movía acorde con la vida de la ciudad y sus personajes.
Teresa, además de excelente Chef y relacionista, la atraían las artes plásticas y literarias.  De allí que los espacios en Bar Restaurant estuvieron siempre abiertos para las recitales y exposiciones plásticas de los artistas locales.
Incluso, en el Menú, había platos con los nombres de Manuel Alfredo Rodríguez y Álvaro Natera  Febres, Allí encontraba de vez en cuando al Juez Alí Jiménez Contreras campaneando su Campari o a René Vhalis y Braulio Merino Alonso hablando sobre temas económicos y financieros o Chalo Guevara comentando cómo  facilitó una avioneta  a Antonio Lauro para que fuese a conocer a Canaima o a Elías Inaty hablando sobre el rumor de la memoria y a su colega Zamora Montes de Oca recordando el hombre con revólver al cinto que fue a tratarse a su consultorio  porque quería ser mujer o Jorgito Martínez rememorando las tramas políticas del copeyano Paciano Padrón

La última vez que estuve en el Tony fue con Eliécer Calzadilla y David Natera,  Antes había estado con Abel, hermano del periodista José Laurencio Silva.  Fuimos a tomar cerveza y terminamos  invitados por el dueño del Restaurante a degustar los vinos de su tierra y probar el jamón serrano recién llegado  Después supe que Manuel había muerto y que Teresa lo hizo sepultar al pie de un árbol en .las afueras del  edificio.  Recordé cuando me lo contaron, a Pedro Löefling que lo enterraron al pie de un naranjo en las Misiones del Caroní, (AF).

sábado, 18 de julio de 2020

LA PLACITA DE LA COMUNIDAD


La llamada “Placita de la comunidad” la fundó el poeta y defensor de la ciudad, Jesús Colina Colmenares, eterno guardián de El Zanjón, donde vive prácticamente encaramado sobre las piedras que el otro poeta, Néstor Rojas, hoy en España abortado por la “Pandemia Política”, quería colgar de las piedras monumentales las obras de pintores bolivarenses. Algo así como el Museo Vial de su paisano Bogarín. Colina la fundó, creo, cuando surgieron nuevos núcleos ajedrecistas en la ciudad, sobresaliendo la dicha Placita de la Comunidad fundada por el poeta y su hijo Pavel. De esta Placita salió la idea del Torneo Nacional de Ajedrez que venía cumpliéndose cada año con la colaboración oficial y de empresas privadas dentro del programa de la Feria del Orinoco. Pero la Placita, dado el decaimiento del fervor ajedrecista, se convirtió después en una forma de Peña Literaria y de temas vinculados a la vida y aspiraciones de la ciudad donde acudían frecuentemente invitados especiales, entre ellos, el sociólogo Francisco Rodríguez, el antropólogo Alfredo Inaty y el Cronista de la ciudad. A veces, el trato de los problemas de la ciudad rozaba aspectos políticos oficiales en forma tal que llevó al Gobernador Francisco Rangel Gómez a tildar a los cuatro principales de la periódica tertulia “Jinetes del Apocalipsis”. Muy exagerado, por supuesto, porque los cuatro Jinetes del Apocalipsis tiene que ver con la guerra, el hambre y la muerte, La Placita de la Comunidad, ahora en receso debido a la Pandemia, está dominada por un kiosco octogonal que el gobernador Jorge Carvajal Morales mandó a restaurar atendiendo una petición, pero cuando fue a inaugurarlo, Colina se opuso rotundamente porque no quería confusiones políticas de ningún tipo. (AF)

jueves, 16 de julio de 2020

DON ANTONIO LICCIONI,



Don Antonio Liccioni, fundador de Orocué en Colombia y El Callao en el Estado Bolívar. era corso, pues en Córcega, lejana isla francesa del Mar Mediterráneo, nació en 1817, precisamente cuando Guayana estaba saliendo del régimen colonial hispano, emancipada por los patriotas conducidos por Simón Bolívar y Manuel Piar. En 1840, a la edad de 23 años, Liccioni se trasladó de Francia a Colombia, donde residió y contrajo matrimonio con Natalia Beltrán, de cuya unión nacieron siete hijos: Antonio, Cesar, Leopoldo, Julio, José Roberto, Natalia y Margari­ta Liccioni Beltrán. Luego se radicó en Casanare atraído por las tierras de las antiguas haciendas jesuitas que llegaban hasta las costas del Meta, concretamente hasta el Puerto de Guayabal, donde se desempeñó como agregado comercial de la embajada francesa en Colombia Se compenetró tanto con sus autoridades que llegó a adquirir la ciudadanía de este país para poder actuar en sus negocios con soltura y fortuna. En 1850, en compañía del señor Agustín Norzagaray y algunos miembros importantes de la nación indígena sáliva, fundó la población de Orocué, en tierras de los indígenas yaruros, a orillas del río Meta. Entre 1857 y 1860, ocupó el cargo de Prefecto del Territorio de Casanare, con sede principal en la ciudad de Ariporo, sobre el río del mismo nombre, desde el cual fomentó hatos ganaderos. En su hacienda hospedó a los generales Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, quienes se encontraban refugiados en el vecino país después de la derrota de Coplé y entabla lazos de amistad con ambos y el 11 de octubre de 1864, presenta una petición al gobierno de Bogotá en la cual se hace el vocero de los ganaderos del Casanare que reclaman una indemnización por los daños sufridos como consecuencia de los combates de la Guerra Federal venezolana (1859-1863). Ejerció la Prefectura de Casanare y posteriormente el cargo de Cónsul de Colombia en Ciudad Bolívar desde 1888 hasta 1894. Se había establecido en el Estado Bolívar entre 1865 y 1870 con todo su ganado para el cual adquirió los hatos ganaderos Tocoma y La Aurora y luego, Juan Bautista Dalla Costa, lo ganó para reorganizar y pre­sidir la Compañía Minera de El Callao, donde realizó una labor em­presarial tan importante que dio lugar a la formación del actual municipio minero de El Callao.
            La Compañía Minera de El Callao llegó a producir hasta 8 tonela­das de oro al año y le imprimió gran dinamismo a la actividad mer­cantil bolivarense, sostenida hasta entonces por la ganadería y explo­tación de subproductos de la selva como el caucho, la sarrapia,  balata y las cortezas amargas de árboles medicinales.
            Pero Liccioni no vino expresamente en busca de El Dorado sino como hombre de hacienda que quería poner en práctica su expe­riencia acumulada en el fomento ganadero de Casanare, pero por fortuna se encontró con el filón de El Callao que le permitió sin tener que dejar la ganadería, incursionar en el área minera como no antes ni después lo habían hecho otros sectores ligados a la explotación aurífera.  Tomó posesión  de la presidencia de la Compañía Minera Nacional El Callao, el 18 de enero de 1870 hasta 1890  cuyo capital amplía en 1878, a 257.000 venezolanos (Bs. 1.285.000) y luego en 1886 a Bs. 32.000.000, convirtiendo Compañía Minera El Callao  convierte en el polo de atracción de toda la región guayanesa. Para el año de 1881, la producción de la mina de El Callao alcanza el primer lugar en el mundo. 
Debido a su amistad personal con Guzmán Blanco y a su posición como presidente de la compañía minera, Liccioni actúa como intermediario (14.6.1883) en la venta de los terrenos que le habían sido asignados al Colegio Nacional de Guayana, negocio en el cual se encuentra involucrado el propio Guzmán Blanco, entonces presidente de la República. A partir de 1890, los yacimientos auríferos de la mina de El Callao se van agotando y Liccioni decide retirarse y pasar sus últimos días de vida en Ciudad Bolívar, dando paseos vespertinos en su Coche tirados por caballos. En esta ciudad fallece el 19 de junio de  1901. El Gobierno decretó duelo regional con las oficinas públicas cerradas durante dos días.  Don Antonio Liccioni, vertiente mayor de la sangre corsa en Guayana, demostró su vitalidad y empuje como ganadero y fun­dador del gran pueblo aurífero de El Callao. (AF).
(Tomado del libro inédito de Américo Fernández "El Callao, ciudad dorada)

            



EL DÍA MÁS IMPORTANTE DE EL CALLAO

lunes, 13 de julio de 2020

DE PEÓN PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

DE PEÓN PRESIDENTE DE LA REPÚBLIC Jose Antonio Páez, de simple peón del Llano, pasó a ser Jefe Militar de Venezuela y Presidente de la República, gracias a su inteligencia natural, gran capacidad de asimilación intelectual, de de su condición heroica durante la Guerra de Independencia y audacia política después de ella. El 13 de junio fue el aniversario de su nacimiento y antes, en mayo, el de su fallecimiento en NuevaYork. Noel Valery le edificó una Plaza siendo Presidente Municipal, pero sus aniversarios pasan desapercibidos. (AF)

domingo, 5 de julio de 2020

EL GUERRILLERO TORIBIO GARCÍA


Toribio García,  compañero de Estudio en el Grupo Escolar Estado Zulia de Porlamar, era uno de los alumnos  aprovechados en el aula de sexto grado que conducía con esmerado y pedagógico acierto la maestra Olga Vásquez, creo, no estoy seguro, era la esposa del entonces Gobernador Herácleo Narvaez Alfonso. Toribio, era un muchacho de baja estatura pero sagaz y lector de las novelas de Rómulo Gallegos, al que frecuentemente citaba.  Estando como estoy, en Ciudad Bolívar, donde he hecho vida y carrera,  supe que ardido por la llama izquierdista de los años sesenta, se fue a la montaña con  el fusil de la revolución que desde Cuba ofrecían Fidel Castro y el Che Guevara,  y en lo intricado del bosque fue alcanzado por la inmortalidad de su sueño idealista y romántico. (AF)

miércoles, 1 de julio de 2020

LA GALIA


El nombre “La Galia”, antigua región ligada a Francia, fue dado a famoso botiquín de principio del siglo veinte en Ciudad Bolívar. Pertenecía a J. A., Ginestra y fue inaugurado el 8 de enero de 1917 en el inmueble que se acababa de construir en la Esquina Dalton, entre la Calle Piar y Alameda, actual Paseo Orinoco. (AF)