Quien enfrentó la crecida del Orinoco en
agosto de 1943, fue el Presidente del Estado Gumersindo Torres y su sucesor, doctor José Nicomedes Rivas. Es decir, Torres
tomó las previsiones con relación al
reforzamiento del muro del dique, pero quien realmente manejó la calamidad fue
su sucesor que, por cierto, tuvo un mandato muy fugaz y centrado en hacerle
frente a la crecida que comenzó invadiendo el Paseo La Alameda hasta inundar toda
la parte baja de la ciudad. Aparte del refuerzo del Dique con un muro de
concreto armado dispuesto por su antecesor, el
Presidente del Estado, designó una junta para ejecutar otras obras de
defensa y solicitar los recursos económicos
que se requerían para atender a los damnificados. Esta junta estuvo
presidida por el obispo de la Diócesis, Monseñor Miguel Antonio Mejia y la
integraban los doctores Rogelio Decanio, Luis Adrianza, J.R Méndez, Ernesto
Sifontes, Virgilio Casalta, Carlos Boccardo y Antonio Levanti. Despachaba desde
la Oficina de José Luis Aristiguieta en el Garage Contreras. El Orinoco comenzó a penetrar en la ciudad el
26 de julio y el ocho de agosto la situación era realmente espantosa. El
Presidente Isaías Medina Angarita, quien acababa de regresar de una gira de
buena voluntad por los países bolivarianos, se vio obligado a venir a
cerciorase personalmente de la magnitud de los daños y a ordenar algunas obras
de saneamiento como la demolición de la Ciudad Perdida y la erección en su lugar
del actual Grupo Escolar Estado Mérida. La
crecida del Orinoco fue tan espectacular que trascendió a otros países como
México que inmediatamente dispuso su solidaridad. En el Cinema Palacio pasaron
la película “Doña Bárbara” a beneficio de los damnificados del Orinoco y
cantaron Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas. A la calamidad del Orinoco se
sumó a fines de octubre un pavoroso incendio en El Callao. Los almacenes de la
New Gold Fields quedaron totalmente calcinados. Las perdidas fueron estimadas
en más de 2 millones de bolívares, pero afortunadamente no hubo víctimas. (AF)
Memoria se lo que he visto, leído y vivido en la ciudad Bolívar del Siglo XX y XXI.
jueves, 8 de enero de 2015
miércoles, 7 de enero de 2015
La gran crecida de 1943
La crecida del Orinoco en agosto
de 1943 fue tan grande que el
Presidente Isaías Medina Angarita vino personalmente a Ciudad Bolívar para ver de cual manera el
Gobierno Nacional podía solventar las consecuencias del desbordamiento. El
doctor Gumersindo Torres, ante la amenaza del río Orinoco, había previamente dispuesto
reforzar la parte Este del Dique con un muro de concreto de 24 metros de largo
por 2 de profundidad y 60 centímetros de espesor, más un relleno de piedra y
tierra en dicho lugar como medida de previsión. De nada valió, pues el Orinoco
de todas maneras reconquistó sus antiguos predios. Pero la gran crecida del Río no fue
precisamente la del 43 sino la de 1892,
específicamente el 10 de agosto, cuando alcanzó una altitud de 19,14 metros
sobre el nivel del mar y cubrió la Piedra del Medio por primera vez. Para recordar el suceso fue fijada en
el inmueble que hace esquina con el Paseo Orinoco y la calle Dalla Costa, justo
donde estuvo el Banco Royal of Canadá, una placa de mármol. Otras crecidas
famosas recuerda la tradición oral que se registraron en 1844, 1854, 1864, 1872
y 1890. Según la tendencia el Orinoco exagera su crecimiento cada decenio y
cada cincuenta años. En 1943, también el 10 de agosto y a medio siglo de la que
tapó la Piedra del Medio, se registró otra crecida espantosa. Entonces, la
ciudad parecía una Venecia, se podía navegar en curiaras por las calles. En
la Esquina del Sordo, en los propios predios de la Ciudad Perdida hubo hasta
hace poco una placa que marcaba el nivel alcanzado por el Orinoco en el 43,
prácticamente tocaba el techo de la primera planta del edificio. (AF)
martes, 6 de enero de 2015
Torres Valencia Primer Director de Deportes
El Viejo Candelario tenía un guante de jugar pelota colgado en una de las paredes de su casa que más que casa parecía un rancho
campestre en los predios de la Laguna y a propósito le pregunté quien fue del
primer Director de Deportes que tuvo Ciudad Bolívar y me respondió sin pensarlo
mucho que fue Enrique Torres Valencia, fundador de la emisora "Ecos del Orinoco" Fue designado por el Presidente del estado,
Gumersindo Torres, quien dictó el Decreto el 5 de julio de 1942, por medio del cual se creó la
dirección Regional de Deportes del Estado Bolívar. El primer Director fue, como bien te dije, Enrique Torres Valencia, quien se había
distinguido como excelente lanzador del Club de Béisbol “Bolívar”. En marzo de
1945, la Cervecería Caracas cumplió cincuenta años de haber iniciado la
industria cervecera en Venezuela y a la celebración se sumaron la venezolana de
Maiquetía y la Nueva Cervecería de Ciudad Bolívar que ya estaba llegando a su
cesación, resentida por los efectos de la II Guerra Mundial La Cervecería Caracas sostenía un club de
béisbol que llevaba su nombre y el cual vino el 20 de abril de 1943 a
enfrentarse a una selección que le tenían preparados los bolivarenses. El combinado de Bolívar perdió los tres
compromisos con el Cervecería. En el torneo destacó la actuación de Bracho Zuloaga y Casimiro Rommy. Asimismo
en el bate, Pérez, Romero y Brinez. En la ocasión, las novenas locales
Angostura y Progreso se enfrentaron, incluyendo en sus filas a peloteros del
Cervecería.
lunes, 5 de enero de 2015
El Edificio de la Cruz Roja
La Cruz Roja, sí, siempre, desde su fundación en Venezuela, ha tenido presencia en Ciudad Bolívar. El libro escrito por Ricardo De Sola Ricardo sobre esa institución, nada dice al respecto. Incluso. la Cruz Roja de Ciudad Bolívar tuvo edificio propio en 1942, adquirido a un costo de 32 mil bolívares, siendo Presidente de la institución Jorge Suegart, director del vespertino El Luchador fundado en 1905. El edificio pertenecía a Jesús Manuel Lainete, pero como no se tenía los reales completos, el Gobernador Gumersindo Torres dispuso de 15 mil bolívares para completar el valor total del edificio de dos plantas ubicado entre las calles Boyacá y Venezuela. Después de la muerte de Jorge Suegart el edificio fue alquilado a una familia libanesa pariente del poeta Abraham Saloum, con la cual la directiva de la Cruz Roja presidida por el ingeniero Lino Bossio hizo un arreglo para poder venderlo y construir unas instalaciones en las afueras de la ciudad, más apropiadas para la asistencia médica y social. El inmueble fue adquirido por una familia de origen germano con el fin de restaurarlo y adecuarlo a la Posada Turística que es hoy. (AF)
domingo, 4 de enero de 2015
La Radiotelefonía
4/1/2015
Dime, Candelario ¿Usted sabe de un Gobernador
que pasó por aquí como rayo, es decir, que no se aguantó mucho tiempo en el
Poder? Caray, debe ser el médico Gumersindo
Torres que gobernó un poco más de cuatro meses, precisamente, arrancando el año
1943. Lo recuerdo bien porque fue quien inauguró
el servicio de Radiotelefonía que puso expeditamente en comunicación a Guayana con
el resto del país. Ya el telégrafo
parecía obsoleto. Los bolivarenses en un principio debían enviar su mensaje a
la Estación
de Soledad cada vez que necesitaban comunicarse con Caracas. La comunicación telegráfica directa con
Caracas y sin el contacto con la Estación de Soledad quedó resuelta con un cable subfluvial que debido a las
crecidas periódicas del Orinoco y a las diversas corrientes encontradas hubo
que sustituir en 1920 por Tres Torres:
una en Soledad, otra en la Piedra del Medio y la tercera en el Puerto de Blohm.
Dichas torres de 30, 20
metros de alto fueron instaladas por los ingenieros H.
Gibson, Federico Crispín y el alarife Alejandro Sutherland. Para ese año y
desde 1907, la central telegráfica operaba desde la calle Igualdad.
En 1921 se instaló en Maracay la
telegrafía inalámbrica y muy pronto se extendió a otras ciudades de Venezuela,
incluyendo a Ciudad Bolívar que incluso la prolongó en febrero de 1940 a Puerto España. Los
servicios fueron mejorando y perfeccionándose hasta complementarse en 1943 con
el servicio Radiotelefónico, bendecido en acto especial por el Vicario de la
Catedral, Dámaso Cardozo.
La
radiotelegrafía y el discado a larga distancia terminaron con la utilidad de
las tres Torres que al fin desaparecieron dejando una especie de nostalgia,
especialmente la del Puerto de Blohm, donde
cotidianamente se situaba el chichero Bernardo Ramírez, cuya especialidad era
el batido de guarapo de caña, nuez moscada y otros ingredientes cuya fórmula se
la llevó a la tumba, padre además de las niñas más bonitas de El Pueblito que
atravesaban a nado el Orinoco mientras en la Torre del Telégrafo se montaba
Eduardo Viamonte (Melgar) para descargar su torrente de voz cantando Granada
del otrora famoso Agustín Lara. )AF)
sábado, 3 de enero de 2015
Tom Parr vivió 153 años
Tomás Parr, un soldado y farmacéutico inglés, vivió 152 años y para perpetuar su elevada longevidad le pusieron su nombre a un licor ideal producido en Escocia (Old Parr) Todos sus paisanos creían que el Viejo Tom era inmortal, físicamente, por supuesto, porque espiritualmente sigue viviendo en el aroma del scoch. Para mí que la inmortalidad física es una quimera. Los alquimistas con su piedra filosofal y Ponce de León perdieron el tiempo. Jamás pudieron dar con esa enigmática fuente o elixir de la eterna juventud, ni siquiera Fausto y Dorian Gray que a cambio le vendieron el alma al Diablo. Lo del Ave Fénix, por ejemplo, no fue sino un ensayo mitológico para demostrar que la inmortalidad sólo es posible en una especie única como esa antigua ave con plumaje dorado-púrpura que decían cantaba al amanecer. Debe ser aburrido vivir tanto tiempo. Hay que ver lo que es vivir 500 años, como el Ave Fénix, para luego emprender largo vuelo, de Siria a Egipto, ofrecerse en holocausto y renacer de las propias cenizas. (AF)
viernes, 2 de enero de 2015
FATALISMO, CRISTIANISMO Y DETERMINISMO
Esta mañana encontré a un amigo meciéndose en su chinchorro de moriche, afligido, lamentando y meditando profundamente sobre la muerte trágica del hijo de una de las familias vecinas del sector. La Madre reclamaba a Dios la muerte temprano de su hijo como si Dios lo hubiese querido así. He ahí el problema. Creo yo que Dios le traza al hombre principios de vida que debe acatar y cumplir conforme a la religión cristiana. El hombre no depende de Dios puesto que él desde que tiene uso de razón es libre y responsable de sus actos. Si él en accidente vehicular pierde la vida o sufre otro perjuicio por conducir mal o utilizar una máquina defectuosa el responsable no puede ser Dios sino él por negligente o poco precavido. Claro, un árabe mahometano diría atenido a su doctrina fatalista que tenía que suceder porque así está escrito en el libro celestial mientras el hombre de ciencias, más cercano a la doctrina cristiana, justificaría el accidente con el llamado determinismo por causa y efecto. No hay causa sin efecto ni efecto sin causa. Hay, amigo periodista, que buscar el origen de las cosas para medir sus consecuencias. (AF)
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