viernes, 20 de julio de 2018

Soto y sus costumbre culinarias


Soto estuvo siempre arraigado a las costumbres culinarias de su tierra, tanto que cuando llegaba a Venezuela procedente de Paris, tomaba la cola en cualquier aeronave de Avensa hasta Ciudad Bolívar a comprar casabe de Guasipati y queso de San Antonio de Upata, en el negocio de la Señora D´Pace y en el mismo avión, en cuestión de minutos, regresaba a Caracas. Yo, una vez en mi carro, le di la cola al llegar al Aeropuerto. (AF)

jueves, 19 de julio de 2018

Asaltado el Poeta Luis Patori



Y no estaba el Morocho Porras lejos de la verdad, pues en otro viaje de Soto a Ciudad Bolívar junto con el pintor Víctor Valera y el poeta Luis Pastori se le ocurrió al trío ir a una fiesta por los lados de Vista Hermosa, pero luego por cierto imprevisto se dispersaron y cada quien trató de regresar a su hotel.  Luis Pastori se extravió y preguntó a un individuo por las inmediaciones de una Estación de Servicio ¿Cuál vía tomaba para llegar a su hotel?  El hombre le respondió que mejor preguntara a un agente del orden público. “Pero, señor es que no he visto a ninguno a 300 metros a la redonda”.  “Ah, pues entonces dame la cartera” dijo amenazándolo con un revólver.(AF)

miércoles, 18 de julio de 2018

Los huesos de Soto


En una de sus frecuentes viajes a Ciudad Bolívar, Soto visitó la Panadería “Deli-Pan” donde se encontraban desde temprano varios paisanos, entre ellos, Antonio López Escalona y el Morocho Porras, con los cuales entabló una amena conversación en la que no faltó el tema de la muerte, lo cual permitió a Soto decir que había pedido a su esposa e hijos que si moría en Francia fueran sus restos  trasladados e inhumados en el Cementerio Centurión de Ciudad Bolívar.   “Ni se le ocurra, Maestro, porque seguro que los malandros no vacilarían en violar la tumba para subastar sus huesos”, le atajó el Morocho Porras.(AF)
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martes, 17 de julio de 2018

La fascinante alucinación de Soto


Cuenta Ariel Jiménez en su libro “Conversaciones con Jesús Soto” que en el curso de una entrevista, el Maestro recordó  la alucinación visual que tuvo  a causa de unas fiebres muy altas que le hacía percibir “algo muy extraño, pero que me fascinaba y me producía un gran placer, hasta el punto de que no quería que mi mamá me curara, para poder verlo".   El artista confesó que "la visión consistía en que, observando a una persona, de repente la veía reducirse rápidamente hasta convertirse en un pequeño punto luminoso. Ese punto crecía luego hasta restituir la imagen de la persona. Eso lo veo claramente como si fuera hoy".(AF)

lunes, 16 de julio de 2018

Soto resistido a ser Cura


Jesús Soto, fue monaguillo de la iglesia Santa Ana, ubicada en dirección diagonal a su antigua casa.  En cierta ocasión el párroco Rafael María Villamil, consciente de la situación económica de su familia le propuso a Emma Soto, madre del artista, que lo enviara al seminario. Pero Soto se puso muy triste porque según contaba, “no me imaginaba cura porque me gustaban mucho las mujeres”. (AF)

Soto y su museo


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Era Soto un enamorado de las Ceibas que ahora la mano siniestra de los depredadores ha ido desapareciendo de Ciudad Bolívar.  Una tarde mientras con Juvenal Herrera tomaba vino Don Periñon, sentados en el quicio de la puerta del Yoraco de Cardozo Nilo, le sugirió a Américo Fernández, quien formaba parte del trío, que trasplantara una Ceiba que estaba naciendo en el solar de enfrente al patio de la casa de su madre Doña Enma.
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Un día de esos preferidos por el maestro Jesús Soto para visitar Ciudad Bolívar, se hallaba ante una de sus obras en el Museo,  explicándole ciertos aspectos a varios artistas jóvenes de la localidad, mientras en la misma sala formando otro grupo, en tertulia muy familiar aderezada con ciertas jocosidades, se hallaban los poetas Mimina Rodríguez Lezama, José Sánchez Negrón y Elías Inaty.  De repente se les acercó Soto nada amable y los sorprendió: “El día que ustedes interpreten esta obra mía, escribirán mejor poesía”.  Todos se quedaron boquiabiertos hasta que el poeta Sánchez Negròn exclamó a la chita callando: “Contrataré al mejor crítico de arte moderno, sólo para mi, los demás que se resuelvan”.
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Leopoldo Sucre Figarella, recién nombrado Presidente de la CVG, resolvió visitar, sin previo aviso, los trabajos de ampliación del Museo Soto y, en traje de faena, calzando botas altas, subió los escalones  pulidos de madera y entró en la amplia oficina administrativa sorprendiendo a la directora del Museo, Gloria Carnevali y su asistente la periodista Silvia Jastran, quienes casi se desmayan al sentir las zancadas estruendosas de Leopoldo estremeciendo las obras de Kandinski, Vasarelli y Paúl Klee.
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 Al periodista Guillermo Segundo Croes, Corresponsal de El Universal y Jefe de Prensa del Ejecutivo, le tocó cubrir una visita del Gobernador Oxford Arias a Upata en aquellos días en que la prensa nacional y local hablaban frecuentemente del pintor Jesús Soto, de sus estructuras cinéticas y la donación de su pinacoteca parisina para la creación de un Museo de Arte Moderno en Ciudad Bolívar.  Soto aparecía en las gráficas periodísticas con melena y bigotes, esbozando un parecido con el periodista Guillermo Segundo Croes, de suerte que la confusión para muchos fue evidente y se puso de manifiesto durante las caminatas del Gobernador por las calles del Yocoima, pues los upatenses abordaban a su jefe de prensa con inusual curiosidad, le sonreían admirados y le pedían firmara o trazara rayas en cualquier papelito.
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Soto, amigo de Alfredo Sadel, lo invitó para que lo acompañara a Ciudad Bolívar y estando ambos de visita en la casa del doctor Elías Inatti, a Sadel se le presentó un percance:  No podía cantar porque sentía un oído tapado.  Inmediatamente Elías lo llevó al consultorio de su colega Vinicio Grillet y éste los recibió con una botella de güisqui.  Sadel reaccionó, “Doctor, yo no vine a tomar güisqui sino a ver que tengo en el oído”.  “No se preocupe que lo va a necesitar” respondió Grillet y le aplicó el scopio.  Ven a ver Elías y Elías dijo que veía una nube azulada.  A lo que de seguida pensó en voz alta Sadel: “Debe ser el jabón azul con el cual me baño”.

domingo, 15 de julio de 2018

La Periodista Marta Sierra



La periodista Marta Sierra estudiaba medicina cuando la conocí  presentando ambos el examen de locución.  Una vez aprobado nos asociamos en  el programa radial “Espacio Libre”  a dos voces en Radio Orinoco  Yo redactaba el guión y ella vendía la publicidad. Despertó su verdadera vocación y dejó la Medicina.  Le aconsejaba que fuera como Teofrato Renaudot, fundador de primer diario que tuvo Francia, que nunca dejó le medicina. (AF)