viernes, 21 de noviembre de 2014

Las cinco patas del gato

Visita del día 20/11/2014
Candelario no es de los que se enredan, no le gusta complicarse.  No pierde su tempo buscándole la quinta pata del gato.  Es franco y abierto, aunque algunas veces vive tan intensamente lo que lee que se siente el protagonista o quien por lo menos podría contar que estuvo sin haber estado en la ciudad o paisaje descrito.  Seria esto una variante de la mitomanía que sufría el pintor onírico José Martínez Barrios, quien sin haber salido nunca del Casco Histórico de la ciudad donde nació y vivió hasta su muerte, contaba tan vívidamente cuando vivía  en el Barrio Latino de Paris y discutía con Joseh Albert sobre la interacción de los colores.  De todas maneras, señalando el gato que merodeaba bajo la arboleda de su casa, no se explicaba por qué la gente se refería a las cinco patas del gato, a menos que incluyese el rabo que en todo caso no calza pezuñas sino peludas antenas que lo guían como el timón a una embarcación. Un rabo que difícilmente coge candela porque no es de paja como el de  algunos de sus vecinos que no evitan arrimarse al fogón de Doña Petra.


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