jueves, 8 de enero de 2015

El Orinoco desbordado


11/1/2015
Oye, Candelario, tú me dijiste ayer que quien enfrentó la crecida del Orinoco en agosto de 1943, fue el Presidente del Estado Gumersindo Torres, pero en el periódico me informaron que fue su sucesor, doctor José Nicomedes Rivas.  Si, es cierto, yo quise decir que Torres tomó  las previsiones con relación al reforzamiento del muro del dique, pero quien realmente manejó la calamidad fue su sucesor que, por cierto, tuvo un mandato muy fugaz y centrado en hacerle frente a la crecida que comenzó invadiendo el Paseo La Alameda hasta inundar toda la parte baja de la ciudad. Aparte del refuerzo del Dique con un muro de concreto armado dispuesto por su antecesor, el  Presidente del Estado, designó una junta para ejecutar otras obras de defensa y solicitar los recursos económicos  que se requerían para atender a los damnificados. Esta junta estuvo presidida por el obispo de la Diócesis, Monseñor Miguel Antonio Mejia y la integraban los doctores Rogelio Decanio, Luis Adrianza, J.R Méndez, Ernesto Sifontes, Virgilio Casalta, Carlos Boccardo y Antonio Levanti. Despachaba desde la Oficina de José Luis Aristiguieta en el Garage Contreras. El Orinoco comenzó a penetrar en la ciudad el 26 de julio y el ocho de agosto la situación era realmente espantosa. El Presidente Isaías Medina Angarita, quien acababa de regresar de una gira de buena voluntad por los países bolivarianos, se vio obligado a venir a cerciorase personalmente de la magnitud de los daños y a ordenar algunas obras de saneamiento como la demolición de la Ciudad Perdida y la erección en su lugar del actual Grupo Escolar Estado Mérida.   La crecida del Orinoco fue tan espectacular que trascendió a otros países como México que inmediatamente dispuso su solidaridad. En el Cinema Palacio pasaron la película “Doña Bárbara” a beneficio de los damnificados del Orinoco y cantaron Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas. A la calamidad del Orinoco se sumó a fines de octubre un pavoroso incendio en El Callao. Los almacenes de la New Gold Fields quedaron totalmente calcinados. Las perdidas fueron estimadas en más de 2 millones de bolívares, pero afortunadamente no hubo víctimas.





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