sábado, 10 de enero de 2015

Pánico a las Cadenas

Manos atadas con cadenas contra el cielo azul Foto de archivo - 20560083
10/01/2015
Dime, Candelario, tú como que tienes ese Televisor solo para decorar tu rancho.  Lo digo porque nunca lo he visto prendido.  ¡Ah, amigo! Es que siento pánico por las incesantes cadenas, pánico y también alergia.  Seguramente que en mi cadena de ascendientes hay esclavos negros, pienso yo.  Las cadenas extra largas, como las del difunto y del otro que está por estirar la pata, son las peores, no sólo por lo largo sino por la misma cantaleta.  “Mucha arena y poco cemento” diría Ramón Castro. Las cadenas siempre han sido odiosas y condenables desde los mismos tiempos primitivos de la esclavitud.  Hay que ver lo que sufrieron esos pobres negro extraídos del África, eslabonados unos con otros y arrastrando muchas veces las cadenas en pleno cautiverio.  Ahora las cadenas no son materialmente  eslabonadas con hierro para maltratar la carne humana, sino eslabonadas con palabras permanentes como la gota de agua china para subyugar la mente, el espíritu  y la conducta humana. La publicidad, la propaganda y el discurso por medios cibernéticos a cada rato y en todo momento.  Una manía totalitaria y moderna de esclavizar.  Nos encadenan la mente y la conducta en forma tal que parecemos  Zombi.  Las cadenas televisivas son el mejor invento para deformar u ocultar la realidad y evitar que esta se manifieste en protesta  a menos que se rompa por estar mal eslabonada, por oxidación o mala fundición.  Yo prefiero la Cadena Capriles parecida a una cadena de oro o de plata  comparada con la que nos ofrecen de forma gratuita, pero  abusiva todos los días por las pantallas grandes y chicas.


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