lunes, 1 de diciembre de 2014

Sol y sombra

Visita del día 29/ll/2014
Me decía Candelario que anoche  estuvo leyendo “A Sol y sombra”, un poemario de su paisana Luz Machado, bolivarense Premio Nacional de Literatura,  y el título sin serlo que le olía más a circo de tauromaquia, lo asoció, sin embargo, a lo que conversaba sobre el Color el día anterior.  Exacto, para  él el  Sol sería el color blanco y la sombra el color negro.  Pero realmente existen los colores blanco y negro.  Por lo que se sabe, no existen como tales en el abanico de la descomposición de la luz, es decir, rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, violeta, todos típicos del arco iris o espectro solar aceptados como colores fundamentales. A partir de ellos se pueden obtener los demás colores conocidos, aunque también han sido aceptados como básicos, además del azul y el verde esmeralda propiamente, el azul turquí y el verde vegetal. El blanco y el negro no aparecen porque no representan a ningún color sino que se representan a sí mismos De todas maneras, el color tiene cualidades que lo caracterizan. Tal es el tono determinado por la propia particularidad del color  Albers decía que tenía más de cien amarillos en sus anaqueles. Una de las  cualidades sería esa fuerza emotiva que lleva a creer que existe una relación del color con los diversos estados de ánimo. Así por ejemplo, el rojo sugeriría pasión, violencia, fuego; el amarillo,  la ira, la envidia, la maldad; el verde, la juventud, la abundancia, la frescura, la esperanza; el azul, lo infinito, el frío, la melancolía; el violeta, la tristeza, el dolor,  mientras que el blanco  simbolizaría la pureza o “la síntesis de la luz” como dijera el pintor del abstraccionismo  ruso, Vasil Kandinsky, también representado en la colección del Museo Soto.



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